PARTE 2
Marta se quitó el sombrero lentamente.
—Señor Valdés, puedo explicarlo.
Alejandro no levantó la voz. Eso la asustó todavía más.
—¿Quiénes son todos estos niños?
Marta miró a Lucía antes de responder. Eran menores de asociaciones vecinales y centros de apoyo de Madrid. Semanas atrás, Lucía le había preguntado por qué algunos niños nunca celebraban su cumpleaños. Marta le contó que no todas las familias podían permitírselo. La niña insistió en hacer algo.
Marta había pagado la comida y los adornos con sus ahorros. Lucía había preparado dibujos y juegos. No habían entrado en las habitaciones privadas; todo se había organizado en el jardín.
—Sé que debería haber pedido permiso —admitió Marta—. Si quiere despedirme, lo entenderé.
Desde la terraza, Beatriz acababa de llegar y escuchó la última frase.
—Pues claro que debe despedirla —dijo con frialdad—. Ha metido desconocidos en casa y ha utilizado a Lucía para justificarlo.
Marta bajó la mirada.
Alejandro observó a su hija. Lucía tenía un plato con 2 trozos de tarta. No abrazaba ningún juguete caro. Estaba esperando a que un niño más pequeño dejara de tener vergüenza para entregarle el trozo más grande.
Entonces Lucía miró a su padre.
—Papá, Marta no me utilizó. La idea fue mía.
Beatriz abrió la boca para responder.
Pero Alejandro vio algo sobre una de las mesas que cambió por completo la situación.
PARTE 3
Era una carpeta azul, vieja y doblada en las esquinas. Alejandro la reconoció porque Marta solía llevarla cuando acompañaba a Lucía al colegio o al médico. Estaba abierta y encima había varias hojas con nombres, edades y pequeñas notas escritas a mano.