Entonces él respondió:
—Mi hermano.
Me quedé sorprendida.
—¿Mi tío?
Daniel asintió.
—Tu abuelo decidió guardar las pruebas. Las escondió dentro de esta casa, pero nunca llegó a entregarlas a la policía.
—¿Por qué?
Daniel sacó una segunda fotografía.
—Porque la noche en que iba a hacerlo, sufrió un accidente.
Mi abuela comenzó a llorar.
—No fue un accidente —dijo.
Todos nos quedamos en silencio.
—¿Qué quieres decir?
Mi abuela miró a Daniel.
—Tu abuelo fue asesinado.
Sentí un escalofrío.
—¿Y tú lo sabías?
Daniel respondió:
—Sí. Pero tenía miedo. Tu tío amenazó con hacerle daño a tu madre y a ti si hablaba.
Entonces comprendí por qué mi abuela había guardado silencio durante tantos años.
Pero todavía faltaba una pregunta.
—¿Dónde están las pruebas?
Daniel señaló el pavo real bordado en el mantel.
—Tu abuelo las escondió allí.