Yo llegué 4 horas antes y encontré mi mansión llena de niños desconocidos celebrando con mi hija. Mientras Lucía repartía su tarta, mi madre sentenció fría que la cuidadora la estaba usando. Escuché: ‘No es de la familia’. No discutí, me quité la chaqueta y dije que la fiesta seguía, hasta que vi la carpeta azul con 27 nombres.

Aquella tarde, al terminar, Lucía corrió hacia él.

—¿Te acuerdas de la primera fiesta?

—Todos los días.

—Abuela decía que ibas a despedir a Marta.

Alejandro sonrió.

—Yo también lo pensé durante unos minutos.

Lucía puso cara de horror.

—Menos mal que cambiaste de idea.

Alejandro observó el lugar: padres recogiendo mesas, niños abrazando a voluntarios, restos de confeti por el suelo y Marta despidiéndose de una familia.

—Sí. Menos mal.

Entonces entendió algo que había tardado demasiado en ver.

Marta nunca había intentado sustituir a Clara ni convertirse en madre de Lucía. Tampoco había utilizado la riqueza de Alejandro. Había visto a una niña que tenía casi todo excepto suficiente tiempo con su padre y le había enseñado que compartir podía llenar una casa que llevaba 3 años sintiéndose vacía.

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