Aquella tarde, al terminar, Lucía corrió hacia él.
—¿Te acuerdas de la primera fiesta?
—Todos los días.
—Abuela decía que ibas a despedir a Marta.
Alejandro sonrió.
—Yo también lo pensé durante unos minutos.
Lucía puso cara de horror.
—Menos mal que cambiaste de idea.
Alejandro observó el lugar: padres recogiendo mesas, niños abrazando a voluntarios, restos de confeti por el suelo y Marta despidiéndose de una familia.
—Sí. Menos mal.
Entonces entendió algo que había tardado demasiado en ver.
Marta nunca había intentado sustituir a Clara ni convertirse en madre de Lucía. Tampoco había utilizado la riqueza de Alejandro. Había visto a una niña que tenía casi todo excepto suficiente tiempo con su padre y le había enseñado que compartir podía llenar una casa que llevaba 3 años sintiéndose vacía.