Mi escritura completa.
Sentí que me faltaba aire.
—¿De dónde sacó esto?
—No lo sé. Me la mandó hace una semana. Dijo que ya estaba arreglado.
Amplié la imagen.
El documento tenía el sello de la notaría donde yo había firmado.
Recordé entonces algo.
Durante el proceso de compra, Mauricio me había llamado para preguntarme casualmente si seguía usando al mismo notario que durante nuestro matrimonio.
Yo no respondí.
Pero sí se lo había contado a nuestra hija adulta, Lucía.
Lucía vivía en Guadalajara y hablaba con su padre de vez en cuando.
La llamé en cuanto salí de la cafetería.
—Mamá, ¿qué pasó?
—¿Le dijiste a tu papá quién llevaba la compra de mi casa?
Silencio.
—Creo que sí. Pero sólo porque él preguntó si necesitabas ayuda. Yo pensé…
—No pasa nada, hija. Sólo dime todo.
Lucía comenzó a llorar.
—Papá me pidió la dirección para mandarte unas flores. Yo se la di.
Me apoyé contra una pared.
No estaba enojada con ella.