Al día siguiente fui al Ministerio Público con las grabaciones, los reportes de la policía y la factura del nuevo cerrajero.
La funcionaria revisó todo con calma.
—¿Su exesposo conserva alguna participación económica en la propiedad?
—Ninguna.
—¿Existe contrato de renta, comodato, autorización escrita?
—No.
—Entonces guarde absolutamente todo. Mensajes, llamadas, grabaciones. No borre nada.
Salí poco antes del mediodía.
En la avenida vendían jugos, tamales y periódicos. Un hombre gritaba el precio de unas fundas para celular. Yo caminaba entre gente que seguía su rutina mientras la mía parecía haberse roto otra vez.
Mauricio llamó.
No contesté.
Volvió a llamar.
A la quinta vez, dejó un mensaje.
“Tenemos que resolver esto como adultos.”
Ese tipo de frase había gobernado mi matrimonio durante años.
“Seamos adultos” significaba que yo debía ceder.
“Piensa en la familia” significaba que él ya había tomado una decisión.