Harold había tenido miles de mañanas.
Hasta que dejó de tenerlas.
Continué leyendo.
«Cuando el médico me dijo que mi corazón estaba empeorando, comprendí que podía morir sin encontrar el valor para decírtelo cara a cara. Por eso preparé esta caja.»
«Pero había una última cosa que necesitaba hacer.»
Miré la fotografía doblada que acompañaba la carta.
La abrí.
Y entonces lo entendí.
Era una fotografía tomada pocos meses antes.
Harold estaba sentado en nuestro jardín.
A su lado estaba Sophie.
La niña del funeral.
Ambos sostenían una pequeña caja azul.
Reconocí inmediatamente el objeto.
Era el antiguo estuche de terciopelo que tenía delante de mí.
Lo abrí.
Dentro había un anillo.
No era caro.
Era pequeño, antiguo y estaba bastante desgastado.
Thomas se acercó un poco.
—Era de mi madre.
Lo miré sorprendida.