Muchas veces estaba preguntando si alguien pensaba quedarse.
Alejandro continuó.
Habían encerrado a una cuidadora en un vestidor. Leo había activado una alarma de incendios. Bruno escondía teléfonos. Mateo llevaba semanas negándose a hablar con los tutores. Daniel desmontó una cerradura para comprobar, según él, “si realmente servía para algo”.
—¿Y por qué las otras se fueron?
—Porque mis hijos consiguieron que se fueran.
Elena negó suavemente.
—Eso no responde a la pregunta.
Alejandro la estudió.
Antes de que pudiera contestar, una voz gritó desde arriba:
—¡PAPÁ! ¡YA HA LLEGADO!
Algo salió disparado por encima de la barandilla.
Elena levantó una mano y atrapó una pelota de béisbol a pocos centímetros de su cara.
4 cabezas aparecieron en el piso superior.
Mateo miró la pelota.
Después la miró a ella.
—La ha cogido.
Elena lanzó la pelota hacia arriba.
Leo la atrapó.