La diferencia fue que dejó de intentar comprar el perdón con regalos.
Se sentaba.
Escuchaba.
Pedía disculpas.
Y la siguiente vez se esforzaba por cumplir.
Teresa tardó más en cambiar. El momento decisivo llegó durante una función del colegio. Ella fue a recoger a Mateo porque estaba convencida de que Adrián volvería a fallar.
—Tu padre tendrá una reunión, ¿no? —preguntó.
Mateo negó con la cabeza.
—Viene.
La función empezaba a las 18:00.
A las 17:58, Adrián cruzó la puerta del salón de actos casi corriendo, todavía con traje y sin corbata.
Mateo lo vio y sonrió.
No era la sonrisa dormida que Adrián había descubierto en brazos de Lucía.
Era una sonrisa dirigida a él.
Después, Teresa caminó en silencio hasta el coche.
—Tu padre también trabajaba demasiado cuando eras pequeño —dijo por fin.