Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

—Porque así me recuperé a mí. Que él aprendiera a amarme fue su viaje, no el mío.

Aquella noche, al llegar a casa, encontró una pequeña tarta de limón con 1 vela. Álvaro estaba ajustando una alarma en el móvil.

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