Esa noche, Álvaro abrió una caja olvidada. Dentro encontró cartas que Lucía jamás se atrevió a enviar: su primer vuelo como capitana, una avería sobre el Atlántico, 3 aniversarios esperando una cena. La última decía: “No eras incapaz de amar; simplemente no me elegiste”.
Fue a casa de Clara buscando respuestas. Ella, llorando, confesó que Pilar había pagado su alojamiento y organizado cada aparición pública. Quería expulsar a Lucía antes de que el matrimonio cumpliera 4 años y ella consolidara acciones del grupo familiar.
—Acepté porque estaba sola —admitió Clara—, pero tú hiciste el resto. Nadie te obligó a humillarla.
Álvaro regresó dispuesto a enfrentarse a su madre. Pilar no negó nada.
—Una piloto que nunca está en casa no puede darte herederos.
—Lucía sostuvo esta familia mientras yo vivía mirando un recuerdo.
Entonces Pilar reveló lo peor: el traslado de Lucía había sido aprobado gracias a una recomendación enviada semanas antes desde el propio despacho de Álvaro.