Mi abogado entregó el disco con las pruebas a la Fiscalía y solicitó una reunión formal con el consejo de administración de la empresa de Bruno. Resultó que el departamento interno de cumplimiento normativo ya había detectado irregularidades en su departamento dos semanas antes.
Bruno fue suspendido de empleo de forma inmediata mientras se desarrollaba una auditoría corporativa y una investigación por posible fraude.
Indigo y Amber, presa del pánico, intentaron vender el todoterreno de lujo y deshacerse del contrato del apartamento para conseguir dinero con el que afrontar abogados y posibles fianzas. Pero la Fiscalía solicitó el bloqueo urgente de todas las cuentas vinculadas a las sociedades pantalla fraudulentas.
Aquella tarde, el abogado penalista de Bruno llamó al mío.
—Si su clienta retira la denuncia por agresión y renuncia a sus reclamaciones económicas sobre la vivienda familiar, mis clientes aceptarán un divorcio rápido y sin oposición.
Mi abogado me trasladó la propuesta.
—Básicamente te están ofreciendo dejarte marchar a cambio de que los salves de la cárcel.
—Diles que se vayan al infierno —respondí sin pestañear.
La auditoría preliminar reveló que, durante tres años, más de 1,2 millones de euros habían pasado por la red fraudulenta de proveedores organizada por Bruno, y una parte enorme había terminado en cuentas controladas directamente por Indigo.
Sin embargo, todavía faltaba la última pieza del puzle.
Y, al final, fue la propia Amber quien nos entregó la prueba definitiva.
PARTE 3
Amber pidió reunirse a solas con los fiscales, desesperada por negociar un acuerdo a espaldas de su marido.
Fue entonces cuando comprendí de verdad que mis suegros, tan unidos y crueles cuando se trataba de maltratarme a mí, eran unos cobardes que se traicionaban entre ellos en cuanto apareció la posibilidad real de acabar en prisión.