Mi problema con Alejandro dejó de ser sentimental desde ese momento.
Se volvió también patrimonial.
Mariana solicitó medidas para impedir movimientos extraordinarios de nuestros ahorros, inversiones y acciones relacionadas con la empresa.
No tocamos nómina ni operaciones normales de la constructora. Yo no quería destruir el trabajo de decenas de empleados.
Sólo quería impedir que Alejandro siguiera desapareciendo dinero.
Fue entonces cuando apareció una segunda bomba.
Durante la revisión de la contabilidad encontraron tres pagos a la empresa de Fernanda por supuestas asesorías de diseño.
Los servicios entregados no justificaban las cantidades.
Uno de esos pagos había sido realizado exactamente una semana después de que yo entregara parte de la herencia de mi padre.
Cuando Alejandro fue cuestionado, primero dijo que eran honorarios legítimos.
Después dijo que eran préstamos.
Cuando le solicitaron contratos, no existían.
Finalmente reconoció que había ayudado a Fernanda porque su negocio estaba en problemas.