—Lo siento.
Un momento después, Tyler entró en la habitación llevando dos latas de refresco.
—Mamá, ¿qué estás haciendo?
—Tyler, deja eso.
—¿Por qué Noah está encerrado en el sótano?
—Necesito hacer una llamada.
—¿A la policía?
—Sí.
Tyler me miró como si hubiera perdido la cabeza.
Abrí un viejo álbum de fotos y saqué una fotografía de Michael llevando el mismo colgante de plata.
Se la entregué a Tyler.
—Mira su cuello.
Tyler observó la fotografía y luego miró hacia el sótano.
—No.
Señalé la fotografía.
—Noah tiene la misma marca de nacimiento detrás de la oreja. Y dijo que su padre se llama Michael.
Tyler palideció.
—Mamá…
Poco después, llegó la policía. Les expliqué todo, incluida la desaparición de Michael, el collar, la marca de nacimiento y el nombre del padre de Noah.
Noah no estaba detenido. No había hecho nada malo. Yo simplemente estaba desesperada por obtener respuestas.
Entonces uno de los agentes le preguntó a Noah dónde estaba su padre.
—En casa —respondió Noah.
Sentí que se me encogía el estómago.
—Llámalo —susurré.
Noah sacó su teléfono.
Su padre respondió después de tres tonos.
Incluso desde varios metros de distancia, reconocí la voz.
Más vieja.
Más grave.
Pero familiar.
Noah preguntó:
—Papá, ¿de dónde sacaste el collar del abuelo?
Hubo un largo silencio.
Entonces Noah dijo:
—Estoy en casa de Tyler. Su madre dice que lo conoce.
Le dio a su padre mi nombre.
—Diane.
El silencio al otro lado duró tanto que pensé que la llamada se había cortado.
Entonces escuché una palabra.
—¿Diane?
Mis ojos se llenaron de lágrimas.