Hasta que una profesora reunió a Lucas y a su madre.
—Lo sentimos mucho —dijo con voz amable—. El recorrido no está adaptado para una silla de ruedas. Creemos que será mejor que esta vez no participe.
Lucas bajó la cabeza.
Intentó sonreír para fingir que no le importaba.
Pero Daniel lo vio todo.
Aquella tarde llegó a casa más callado de lo habitual.

Mientras cenábamos apenas probó la comida.
Finalmente levantó la vista.
—Mamá… ¿por qué siempre dejan fuera a Lucas?
No supe qué responder.
Solo pude decirle que algunas cosas eran complicadas.
Él negó lentamente con la cabeza.
—No deberían serlo.
El día de la excursión, los autobuses llegaron temprano.
Los alumnos comenzaron a caminar por el sendero mientras los profesores explicaban las normas de seguridad.
Lucas permanecía junto al autobús acompañado por uno de los auxiliares.
Miraba cómo sus compañeros se alejaban poco a poco.