Victoria mantuvo su actitud profesional.
—Las pruebas apuntan claramente a un fraude financiero premeditado y a una situación de riesgo para una menor. La unidad policial de delitos financieros va a hacerse cargo de la investigación.
Durante las cuarenta y ocho horas siguientes, Sarah envió una avalancha de mensajes.
Primero fueron cariñosos.
Después exigentes.
Y finalmente desesperados.
Marcus, tenemos que hablar.
Estás dejando que tu dolor destruya nuestro matrimonio.
Julian solo intentaba ayudarnos a proteger el futuro de Lily.
Ese último mensaje fue su error definitivo.
Marcus jamás le había mencionado el nombre de Julian a Sarah desde que regresó.
Guardó una captura directamente en el expediente legal.
Tres días después, Sarah recibió una orden de alejamiento de emergencia que le prohibía entrar en la vivienda o mantener cualquier contacto con Lily.
Marcus aceptó reunirse con Sarah una última vez, únicamente con su abogada presente en el despacho de Victoria.
Sarah llegó con aspecto descuidado y profundas ojeras.
Miró a Marcus al otro lado de la mesa e intentó recuperar aquella imagen de vulnerabilidad que había utilizado como arma durante casi un año.
—No puedo creer que nos estés haciendo esto, Marcus —comenzó con voz temblorosa—. Lily tiene problemas graves de comportamiento. Tú nunca estás en casa y yo era quien intentaba mantener unida a esta familia.
Marcus permaneció inmóvil.
—He visto los archivos de vídeo, Sarah.
Sarah se quedó paralizada.
Solo duró una fracción de segundo, pero su máscara se rompió por completo.
—¿Qué vídeos?
—Todos. Incluida la videollamada con Julian de hace siete meses.
Los ojos de Sarah se dirigieron primero hacia Victoria y después volvieron a Marcus.
—Eso… eso no demuestra nada. Julian y yo tenemos antecedentes profesionales juntos…