Y yo haría gratis el trabajo que nadie se había molestado en preguntarme si quería hacer.
Todavía no entendía que, cuando abriera aquel cuarto completamente vacío, no encontraría una cama esperando a su madre.
Encontraría la primera señal de que su esposa de treinta y cuatro años había decidido desaparecer de la vida que él daba por segura.
No podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir…
PARTE 2
La reunión para preparar el alta de doña Elvira fue un jueves por la tarde.
Estábamos los cuatro alrededor de una mesa: mi suegra, Roberto, una trabajadora social y el médico de rehabilitación.
—La recuperación va muy bien —explicó el doctor—. Puede caminar con bastón, vestirse sola y usar el baño. Necesitará apoyo para bañarse, hacer compras y asistir a algunas citas.