Ayudar por amor es una elección.
Sacrificarse porque los demás ya decidieron por ti es otra cosa.
Y poner un límite no destruye necesariamente una familia.
A veces lo único que destruye es una mentira que todos se habían acostumbrado a llamar familia.
Si hubieras estado en mi lugar después de treinta y cuatro años de escuchar “tú encárgate”, ¿habrías regresado a esa casa… o también habrías cerrado la puerta para recuperar tu propia vida?