Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

Llevaba una chaqueta de punto azul claro, con un botón distinto a los demás.

Encima de la mesa de la cocina tenía los papeles preparados.

Eran documentos para mudarse a un piso más cómodo, en una planta baja, cerca del centro.

Había puesto papelitos amarillos donde yo tenía que firmar.

Todo ordenado.

Todo listo.

Como siempre.

“Siéntate un momento”, me dijo.

“No puedo quedarme mucho, mamá. Tengo el tren a las cinco.”

Ella asintió.

No se enfadó.

Eso habría sido más fácil.

Solo pareció acostumbrada.

Firmé deprisa.

Luego me levanté para buscar cinta adhesiva. Había un par de cajas abiertas junto al aparador.

La cocina era casi igual que cuando yo era niño.

Los azulejos claros.

La cafetera de toda la vida.

El calendario colgado junto al frigorífico.

El mantel de hule con flores pequeñas.

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