Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

El calendario colgado junto al frigorífico.

El mantel de hule con flores pequeñas.

Y ese olor a sopa, a ropa limpia y a casa antigua.

Abrí el cajón de abajo.

No encontré la cinta.

Encontré una caja redonda de lata.

La caja de galletas.

La misma que en Navidad siempre estaba llena y el resto del año guardaba botones, hilos, fotos viejas y pilas que nadie sabía si funcionaban.

La abrí.

Dentro no había botones.

Había un cuaderno pequeño de color verde.

En la primera página, con la letra limpia de mi madre, ponía:

“Cosas que me gustaría hacer con Daniel si algún día tuviera tiempo de verdad para mí.”

Me quedé quieto.

Mi madre estaba en el fregadero, aclarando una taza despacio, como si no pasara nada.

Pasé la página.

No debía hacerlo.

Pero algo dentro de mí ya sabía que aquello iba a doler.

No había grandes deseos.

Ningún viaje caro.

Ningún regalo imposible.

Ningún reproche.

Solo frases pequeñas.

Pasear con Daniel por la plaza donde jugaba de niño.

Tomar un café con él sin que mire el móvil.

Prepararle otra vez la sopa de ajo que tanto le gustaba.

Hacernos una foto juntos aunque no sea cumpleaños.

Preguntarle si de verdad es feliz.

Oírle reír otra vez en mi cocina.

Sentí un nudo en la garganta.

Junto a algunas frases había fechas.

Y debajo, escrito muy pequeño:

“No se lo he pedido. Estaba cansado.”

“No se lo he pedido. Tenía que volver a Madrid.”

“No se lo he pedido. Ya tenía el abrigo puesto.”

Levanté la mirada.

“Mamá…”

Ella se giró.

Vio el cuaderno.

Durante un segundo pareció una niña pillada haciendo algo malo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *