Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

Sino porque estábamos.

La imprimimos días después en una tienda pequeña del barrio.

Mi madre la puso en la nevera del piso nuevo.

Con un imán viejo de Valladolid.

La mudanza no fue fácil.

Nada de lo importante lo es.

Hubo cajas que pesaban más por dentro que por fuera.

Hubo tardes en que mi madre se sentaba en una silla y decía:

“Cinco minutos.”

Y esos cinco minutos eran una despedida.

El último día en el piso antiguo, nos quedamos solos en la cocina.

Ya no había mantel.

Ni cafetera.

Ni calendario.

La pared parecía desnuda.

Mi madre pasó la mano por la mesa.

“Tu padre arregló esa pata dos veces.”

“Lo sé.”

“No. No lo sabes. La primera vez la arregló mal y casi se cae la cena de Nochebuena.”

Nos reímos.

Luego ella dejó de reír.

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