Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

Clara se rio.

Durante la comida, mi madre contó historias mías.

Las que yo habría preferido que no contara.

Como cuando metí una rana en una caja de zapatos.

O cuando lloré porque no quería que tiraran una silla rota.

O cuando una Navidad me escondí debajo de la mesa porque no quería recitar un poema.Clara me miraba sorprendida.

“Papá, tú eras rarísimo.”

“Gracias.”

“Pero en plan bien.”

Mi madre reía.

Reía de verdad.

Con los ojos pequeños.

Con la mano en el pecho.

Como si el aire le volviera a caber mejor.

Después de comer, saqué el cuaderno verde.

Clara lo vio.

“¿Qué es eso?”

Mi madre se puso un poco nerviosa.

“Cosas mías.”

“Cosas importantes”, dije.

Le expliqué con cuidado.

Sin hacer sentir culpable a nadie.

Sin convertirlo en una escena triste.

Clara pasó algunas páginas.

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