Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

“Entonces lo haré por memoria”, dije.

“¿Por memoria?”

“Para no volver a olvidarme.”

Ella me miró largo rato.

Luego empujó la libreta hacia mí.

“Escribe.”

Escribí despacio.

Domingo: comer juntos.

Miércoles: llamada sin prisas.

Un sábado al mes: paseo por Valladolid.

Una foto juntos cada estación.

Aprender una receta suya.

Acompañarla al médico cuando ella quiera.

No mirar el móvil en su cocina.

No decir “otro día” si puedo decir “hoy”.

Cuando terminé, le pasé la libreta.

Mi madre leyó en silencio.

Se limpió una lágrima antes de que cayera del todo.

“Esto es mucho.”

“No. Mucho fue lo que hiciste tú.”

Ella cerró la libreta.

“Yo hice lo normal.”

“No, mamá. Tú hiciste casa.”

No sé por qué esa frase la hizo llorar.

Quizá porque nadie se lo había dicho nunca.

Esa noche cenamos tortilla francesa y sopa que había sobrado.

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