Un fabricante de equipos deportivos entregó a Daniel una beca completa para participar en un programa nacional de liderazgo juvenil.
Otra empresa ofreció adaptar completamente la escuela para que ningún estudiante volviera a quedar excluido de una actividad por falta de accesibilidad.
Incluso varios voluntarios se ofrecieron para organizar excursiones inclusivas durante todo el año.

Todo había comenzado gracias a la decisión de un niño de doce años.
Semanas después regresaron al mismo sendero.
Esta vez Lucas no necesitó que nadie lo cargara.
Utilizaba una moderna silla adaptada para montaña donada por la fundación.
Daniel caminaba a su lado.
Ambos llegaron juntos hasta el mismo mirador.
Al contemplar el paisaje, Lucas rompió el silencio.
—¿Sabes qué fue lo mejor de todo?
Daniel sonrió.
—¿Qué?
—Que aquel día no me cargaste porque soy débil.
Lo hiciste porque eres un verdadero amigo.