Caminó hasta la caja fuerte oculta en su vestidor. Detrás de joyas que nunca le importaron y bolsos que nunca amó, había un maletín negro que había preparado tres meses antes. Contenía:
- Pasaportes.
- Contratos firmados.
- Registros financieros detallados.
- Dos teléfonos con cifrado de alta seguridad.
Se cambió de ropa: jeans, suéter negro, zapatillas. Nada de diamantes. Nada que perteneciera a «la señora Whitmore». Esa identidad ya no le servía.
La salida de una era
En la cochera, la colección de autos exóticos de Ethan brillaba bajo las luces. Ignoró el Ferrari y el Aston Martin y eligió una Range Rover negra registrada a nombre de una de las empresas fachada de su esposo. La ironía la hizo sonreír: usaría los propios instrumentos de él para escapar.