La mochila seguía sobre su hombro.
Parecía dirigirse directamente hacia la entrada principal.
Pero no entró.
Se quedó cerca de la parada.
Revisó su teléfono.
Miraba de vez en cuando hacia la calle, como si estuviera esperando algo específico.
Entonces apareció una vieja camioneta azul descolorida.
Se detuvo junto a la banqueta.
Sienna no dudó ni un segundo.
Abrió la puerta del pasajero y subió como si aquello fuera la rutina más normal del mundo.
Durante un instante, literalmente no pude respirar.
Mi mano quedó suspendida sobre el teléfono.
El pulgar casi tocando la pantalla.
¿Debía llamar a la policía en ese momento?
¿Y qué iba a decir?
¿Que mi hija de catorce años acababa de subir tranquilamente a una camioneta afuera de su escuela, como si llevara haciéndolo todos los días de aquella semana?
Quizá estaba exagerando.
Pero debía estar en la escuela.
Se suponía que había estado en la escuela durante cinco días seguidos.
Y en lugar de eso estaba subiendo al vehículo de alguien sin un segundo de duda.
Me temblaban las manos cuando arranqué.
Los seguí a una distancia prudente.
Dos autos detrás, como había visto hacer a la gente en las películas.
Me sentía ridícula y aterrada al mismo tiempo.
1 thought on “Mi hija “iba a la escuela” todas las mañanas… hasta que su maestra me llamó y me dijo que llevaba una semana entera faltando a clases. Así que a la mañana siguiente decidí seguirla.”