Deacon se aparta de mí como si yo ya hubiera dejado de existir, como si la agresión hubiera sido solo una pequeña interrupción en su rutina nocturna. Se acerca a Sloan con naturalidad, le acaricia suavemente el rostro con la misma mano con la que me acababa de golpear y le da un tierno beso en la frente.
— ¿Cenamos fuera esta noche? —pregunta, con una voz ahora cálida y afectuosa, como no lo había estado conmigo en meses.