Vendí la propiedad de Huitzilac seis meses después.
No porque Teresa hubiera ganado.
Todo lo contrario.
La vendí porque entendí que un lugar deja de ser refugio cuando cada habitación te recuerda el momento en que tus hijos aprendieron a tener miedo de su propio padre.
Con ese dinero di el enganche para un departamento más amplio en la Ciudad de México.
Emiliano puso un escritorio junto a la ventana para programar.
Sofía pintó una pared de su habitación color lila y llenó el cuarto de dibujos.
Mi madre siguió visitándonos casi todos los fines de semana.
El video también la volvió conocida.
Le ofrecieron entrevistas, transmisiones y hasta participar en un programa de televisión.
Rechazó todo.
—No defendí a mi hija para convertirme en espectáculo.
Pero sí aceptó regresar como entrenadora voluntaria a un deportivo de la alcaldía.