Mauricio reaccionó como si yo fuera quien hubiera destruido la familia.
Me mandó decenas de mensajes.
“Estás exagerando.”
“Mi mamá sólo quería convivir.”
“Vas a arrepentirte.”
“Los niños necesitan a su padre.”
Nunca escribió: “Lo siento por lo que hice”.
Una semana después ocurrió el primer giro.
Raúl publicó los videos.
Quería burlarse de mi madre y titularlos con frases sobre “la abuela karateca”, aunque ni siquiera sabía distinguir karate de judo.
Pero olvidó algo.
Había grabado desde el principio.
En uno de los videos se escuchaba perfectamente a Teresa decir:
—Cuando llegue Mauricio, la sacamos. Él ya está harto de que todo esté a nombre de ella.
En otro se veía a mi esposo jalándome del cabello mientras Sofía gritaba.
Y en un tercero aparecía Teresa levantando el supuesto testamento.
Las redes hicieron el resto.
El video llegó a miles de personas.