—¿Dónde estoy?
—En el lugar donde te enterraron ayer.
Ella recordó el té de Héctor. Las bebidas de Lorena. Y una nota escrita semanas atrás: “Si algo me pasa, revisen primero a las dos personas que más dicen cuidarme”.
Tomó su celular y escribió un mensaje.
A las 11:47, Héctor lo recibió.
“Amor, aquí abajo hace mucho frío. ¿Por qué no me dejaste un cargador?”
La taza se le cayó de las manos.
Lorena palideció. Héctor revisó el remitente tres veces. Era el número de Adriana, el mismo teléfono que él había visto dentro del ataúd.
Y ninguno de los dos podía imaginar lo que estaba a punto de regresar de la tumba.