—Alguien que por fin entendió que una segunda oportunidad no sirve para volver a la misma vida.
Antes de marcharse, dejó sobre la tumba una taza de té vacía.
No como recuerdo de Héctor.
Como recordatorio de ella misma.
De escuchar su intuición.
De no ignorar las señales.
De entender que ninguna casa, matrimonio, empresa o apellido vale más que la propia vida.
Y cuando se alejó del panteón donde todos creyeron que había terminado su historia, Adriana comprendió que, a veces, la justicia no consiste solamente en ver caer a quienes te hicieron daño.
A veces, la verdadera justicia es sobrevivirles, recuperar tu voz y construir una vida en la que ya no tengan ningún lugar.