Cuidé sola de mi madre durante dos años… hasta que una noche me preguntó: “¿Por qué no vienen?”

Los domingos, Tomás enviaba fotos de sus hijos en la playa. Patricia mandaba fotos desde restaurantes. Lucía compartía chistes y memes.

Y yo…

Yo enviaba fotos de los análisis médicos de mamá. Las nuevas recetas del doctor. Mensajes sobre sus crisis nocturnas.

Y cada vez llegaban las mismas respuestas.

“Eres muy fuerte.”

“Te abrazamos.”

“Eres una hija increíble.”

Hija increíble.

La hija que cambiaba pañales por la noche.

La hija que dormía junto a la cama.

La hija que no había salido de casa en un año.Un día me miré al espejo y no me reconocí. Tenía ojeras oscuras bajo los ojos. Llevaba el pelo recogido sin peinar. Había adelgazado y parecía diez años mayor.

Y lo más aterrador era… que nadie lo veía.

Aquella noche, mi madre lloraba por segunda vez. Eran las 4:07 cuando de pronto me agarró la mano. Y con mucha claridad dijo:

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