Finalmente abrí.
El perro estaba allí.
No había huido.
Ni siquiera había bajado hasta la banqueta.
Se había quedado cerca de los escalones, acurrucado, esperando.
Esperándome a mí.
Finalmente abrí.
El perro estaba allí.
No había huido.
Ni siquiera había bajado hasta la banqueta.
Se había quedado cerca de los escalones, acurrucado, esperando.
Esperándome a mí.