EXPULSÓ A SU VIEJO PERRO DE CASA… Y MINUTOS DESPUÉS DESCUBRIÓ QUE ERA EL ÚLTIMO RECUERDO VIVO DE SU ESPOSA
Empujé al perro hacia afuera y lo vi rodar por los escalones de la entrada.
No ladró.
No gruñó.
Ni siquiera intentó defenderse.
Cayó sobre el pequeño jardín frente a la casa, entre hojas húmedas y tierra fría, y se quedó mirándome con aquellos ojos opacos que parecían demasiado tristes para pertenecer a un animal.
—Y no vuelvas a entrar —dije.
Cerré la puerta con fuerza y puse el seguro.
Mi corazón golpeaba dentro del pecho.
Me quité varios pelos dorados del pantalón y miré el suelo del recibidor con fastidio.
—Elena acaba de limpiar —murmuré—. Ya sabes cómo se pone cuando alguien ensucia.
Miré el reloj.
Las cinco y cuarto.
Elena debía regresar del mercado en cualquier momento.