Expulsó a su viejo perro de casa, pero una carta reveló la verdad que su memoria había borrado

Mirándome.

Eso me había puesto nervioso.

Yo no tenía perro.

Estaba seguro.

Elena nunca había querido animales dentro de casa.

¿O sí?

Me llevé una mano a la frente.

Me dolía la cabeza.

Necesitaba sentarme.

Fui hasta mi sillón.

En una mesa pequeña, junto a varias cajas de medicamentos, había un cuaderno grueso de piel.

No recordaba haberlo visto antes.

En la portada tenía pegado un pedazo de cinta azul.

Sobre ella, alguien había escrito con marcador negro:

LEE ESTO CUANDO TENGAS MIEDO.

Me quedé inmóvil.

Reconocí aquella letra.

Elena.

Tomé el cuaderno con manos temblorosas.

Abrí la primera página.

“Mi querido Carlos:

Si estás leyendo esto, probablemente estás teniendo uno de tus días de niebla.

Respira.

Estás a salvo.

Estás en nuestra casa, cerca de Querétaro.”

Dejé de leer.

—¿Días de niebla?

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