MI ESPOSA ME DEJÓ LA NOCHE QUE PERDÍ EL TRABAJO… CUATRO DÍAS DESPUÉS ENCONTRÓ LA CARPETA QUE LLEVABA MÁS DE UN AÑO OCULTÁNDOLE

Empecé coordinando operaciones.

Después dirigí un equipo.

Luego dos.

A los cuarenta y dos años era gerente regional y tenía cincuenta y ocho personas bajo mi responsabilidad.

Conocía a casi todas.

Sabía quién tenía hijos pequeños.

Quién cuidaba a sus padres.

Quién necesitaba trabajar desde casa los miércoles.

Quién estaba pagando una universidad.

Cuando había despidos, normalmente los gerentes como yo recibíamos instrucciones para comunicarlos.

Aquella mañana descubrí que un puesto directivo tampoco sirve de mucho cuando alguien, a mil kilómetros de distancia, decide cerrar una oficina completa.

Dos ejecutivos llegaron desde corporativo.

La oficina de Querétaro cerraría.

Algunas funciones serían absorbidas por Guadalajara.

Otras desaparecerían.

Todos recibiríamos liquidación o indemnización según correspondiera.

Mi puesto también quedaba eliminado.

Lo más extraño de perder el trabajo junto con otras cincuenta personas es que uno no sabe a quién consolar primero.

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