Solo las partes que importaban.
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No leí cada palabra.
La confesión de Zion.
Su promesa.
Nadia pidiéndole permiso a Valerie.
Alguien detrás de ella susurró: “¿Ha ido a ver a Valerie?”.
Valerie negándose.
Y, por último, el párrafo en el que decía que nunca le había contado a Valerie lo de la aventura y que nunca la había presionado para que me dejara la casa.
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Alguien detrás de ella susurró
Cuando terminé, el silencio se hizo más denso que los gritos.
Miriam miró a Zion.
“Nos dijiste que ella había puesto a Valerie en tu contra en sus últimas semanas”.
Zion se frotó la cara.
“Es complicado…”
—No —dijo Miriam—. Una aventura amorosa puede ser complicada. Mentir sobre tu madre después de que muriera es sencillo.
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“Es complicado…”
Nadia miró a su alrededor.
“Esto no cambia el hecho de que nos queramos”.
Una de las amigas de Valerie cogió su bolso.
Luego, otro familiar hizo lo mismo.
La gente empezó a marcharse en silencio.
Cuando la sala estaba prácticamente vacía, Nadia se volvió hacia mí.
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La gente empezó a marcharse
“¿Ya estás contenta?”, me espetó Nadia. “Has echado por tierra nuestro compromiso”.
Estaba llorando.
Por un instante, volví a ver a mi hermanita, esa niña a la que solía hacerle trenzas antes de ir al colegio.
Todavía me dolía.
“No. No estoy contenta. Mintieron sobre mí para quedar bien. Y cuando eso no fue suficiente, se aprovecharon de la muerte de Valerie”.
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“¿Ya estás contenta?”
Zion se quedó mirando al suelo.
Doblé la carta de Valerie y la volví a guardar en mi bolso.
“Pueden casarse. Pueden quedarse juntos para siempre. Es su decisión”.