—Es precioso.
Ella sonrió.
Una sonrisa verdadera, completa y libre.
Sin fantasmas.
Sin miedo.
Sin arrepentimientos.
—Es nuestro —susurró—. Y estamos en casa.
—Es precioso.
Ella sonrió.
Una sonrisa verdadera, completa y libre.
Sin fantasmas.
Sin miedo.
Sin arrepentimientos.
—Es nuestro —susurró—. Y estamos en casa.