La madre de sus hijos.
Me había convertido en una oportunidad.
Cerré la computadora.
Fui al baño.
Vomité.
Después me miré al espejo.
Esperaba ver una mujer furiosa.
Vi una mujer aterrorizada.
Porque la pregunta que apareció inmediatamente fue terrible:
¿Todavía voy a darle mi riñón?
Durante dos días no dije nada.
Andrés notó que estaba extraña.
—¿Estás nerviosa?
—Sí.
—Podemos detener esto.
Lo miré.
—¿De verdad?
—Elena, jamás quiero que sientas que tienes que hacerlo.
Pensé en Gabriela.
En sus mensajes.
En sus planes.
—¿Y qué harías si yo digo que no?
—Esperar otro donante.
La respuesta era correcta.
Pero no sabía si podía creer en algo que saliera de su boca.
Pedí hablar a solas con parte del equipo médico.
No les conté todos los detalles de la infidelidad.
Solo expliqué que habían surgido circunstancias personales y necesitaba revisar mi decisión.