Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existía

—También podría pasarme algo mañana cruzando una calle.

—Elena.

—Quiero hacerlo.

Lo decía en serio.

No me obligó.

No me presionó.

La decisión fue mía.

Y eso es importante para entender lo que ocurrió después.

Durante los meses siguientes, nuestra vida giró alrededor del trasplante.

Dietas.

Medicamentos.

Exámenes.

Consultas.

Yo organizaba todo.

Tenía una carpeta llena de documentos.

Una noche, aproximadamente tres semanas antes de la cirugía, necesitaba imprimir unos resultados que Andrés había recibido por correo.

Su computadora estaba sobre la mesa.

Él dormía.

Me había dado su contraseña hacía años.

Entré.

Abrí el correo.

Encontré los análisis.

Los imprimí.

Debí cerrar la computadora.

No lo hice.

Apareció una notificación de mensajería en la esquina de la pantalla.

Solo pude leer una frase:

“Después del trasplante ya no tendrás excusas.”

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