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Durante la ecografía del tercer mes de embarazo, escuché a mi marido decirleal médico: «Deshazte del bebé y asegúrate de que ella nunca pueda volver a ser madre». Vi cómo la aguja se acercaba a mi brazo, pero no grité. Simplemente mordí el diminuto botón oculto dentro de mi chaqueta. Él pensaba que estaba indefensa, pero no tenía ni idea de quién recibiría aquella señal.
HISTORIA COMPLETA: Bajé de un avión militar en una misión clasificada y fui directamente a la UCI, donde mi esposa estaba ingresada con veintisiete huesos rotos y el cráneo fracturado. Fuera de su habitación, su madre y sus seis hermanas sonreían como si estuvieran esperando para ir a comer. El detective encargado del caso se inclinó hacia mí y susurró: «Comandante, esa familia controla todo este condado». Miré a través del cristal el rostro hinchado y lleno de hematomas de mi mujer y respondí: «Perfecto. Mi autoridad llega mucho más allá de este condado».