Un perro extraño se sentaba todos los días junto a la tumba de mi hijo; un día, decidí seguirlo.

 

Era un perro mestizo, desaliñado y sin collar, que siempre permanecía tumbado en silencio junto a la lápida de Caleb.

 

Y para cuando yo me iba, él ya se había ido.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *