SOLO QUEDABA UNA PATA SOBRE EL HIELO CUANDO LA ENCONTRÉ… PERO AQUELLA PERRA NO ESTABA PIDIENDO QUE LA SALVARA A ELLA.
Escuché los arañazos antes de verla.
Tres golpes rápidos.
Silencio.
Después, dos más lentos.
Me detuve en el sendero que bordeaba la laguna de Arareko, cerca de Creel, Chihuahua, y miré hacia la superficie congelada. No había nadie pidiendo ayuda. No se veía ningún pescador, ningún niño, ninguna persona atrapada.
Entonces apareció una pata negra entre una grieta.
Las uñas se aferraron al borde.
Y desapareció bajo el hielo.
Me llamo Daniel Mercado. Tenía 44 años y llevaba más de una década trabajando en rescates de montaña y accidentes en zonas rurales del norte de México.
Había visto personas caer en barrancos, vehículos atrapados en caminos cubiertos de nieve y animales perdidos durante tormentas.