A los 18 años me obligaron a renunciar a mi hijo recién nacido; 31 años después, mi cirujano llevaba la crucecita que yo había escondido en su mantita – Recetas Caseras

—Yo lo quería —le dije—. Debiste darme la oportunidad de decirte la verdad.

—Tienes razón —respondió, agachando la cabeza—. Debí volver.

Un comienzo nuevo

Me volví hacia Lucas y le puse el escarpín en la mano.

—Nunca fuiste un error. Ni por un segundo.

Se acercó a mi cama y me abrazó con cuidado. Sostuve contra mi pecho al hijo al que había tenido en brazos por última vez cuando era un recién nacido, aunque sabía que no podía recuperar los años perdidos.

—No tienes que sentirlo igual que yo desde el primer momento —susurré—. ¿Podríamos, simplemente, mantenernos en contacto?

—Sí —respondió despacio—. Podemos empezar desde aquí.

Andrés me preguntó si algún día podría perdonarlo. Le dije que todavía no lo sabía, pero que estaba dispuesta a escuchar su versión. Unas semanas después, él y Lucas vinieron a visitarme con fotos de la infancia de mi hijo. En una de ellas aparecía de niño, orgulloso, en una bicicleta sin rueditas.

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