—Entonces, ¿por qué arreglaste esto tú?
Alejandro lo miró.
—Porque debía aprender a hacer algo por ti con mis propias manos.
Poco a poco, Mateo comenzó a confiar en él. Le permitió acompañarlo a las consultas y sentarse a su lado durante los análisis. Alejandro aprendió a identificar sus medicamentos, a contar sus respiraciones y a reconocer cuándo estaba cansado.
También comenzó a entender la vida que Lucía había llevado.
Ella no vivía en aquella casa porque fuera incapaz de salir adelante. Vivía allí porque había dedicado todos sus recursos, su tiempo y su fuerza a proteger al hijo que ambos habían tenido.
Alejandro ordenó investigar lo ocurrido con las cartas. Descubrió que su madre había pagado a uno de sus antiguos asistentes para bloquear cualquier comunicación de Lucía. El hombre conservaba correos que confirmaban la verdad.