—No puedes demostrar nada.
—Tal vez no solo con las transferencias.
Abrí mi tableta.
Reproduje un archivo de audio.
Su propia voz salió por el altavoz.
Hablaba con Camila sobre documentos, cuentas y lo que pensaban llevarse antes de viajar.
Semanas antes, después de detectar las primeras irregularidades, había instalado con asesoría legal un sistema de seguridad en mi oficina privada de casa.
Daniel y Camila habían hablado allí creyendo que nadie los escuchaba.
Durante varios segundos no dijo nada.
Entonces Camila susurró al fondo:
—Cuelga.
—Hay algo más —dije.
Miré el estuche vacío del brazalete.
—La joya que Camila lleva puesta es falsa.
—¿Qué?
—El brazalete verdadero de mi madre está desde hace 8 meses en una bóveda bancaria.
Camila soltó una maldición.
—Lo que robaste anoche es una réplica.