A los 66 años aseguró que estaba embarazada, pero la ecografía reveló una verdad aterradora

María no parecía estar confundida. Sonreía mientras acariciaba su barriga y hablaba del bebé como cualquier futura madre. Decía que sería un niño, que se llamaría Samuel y que ya había preparado una habitación en su casa. Durante meses había comprado ropa, organizado pañales y colocado una pequeña cuna junto a la ventana de su dormitorio.

Para ella, aquel embarazo no era una locura, sino una segunda oportunidad que la vida le estaba ofreciendo después de años de tristeza. Su esposo había muerto seis años atrás y su única hija, Laura, vivía lejos y apenas la visitaba. María llevaba demasiado tiempo regresando cada tarde a una casa vacía, cenando sola y escuchando únicamente el sonido del reloj del pasillo. Pensaba que la llegada de aquel bebé llenaría todos los espacios que habían quedado vacíos.

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