El heredero de la infamia

—Pudiste descansar? Te sentí inquieta anoche —comentó con tono casual, sin mirarme directamente a los ojos.

Un micromovimiento en la comisura izquierda de sus labios traicionó su fingida despreocupación.

—Tuve una pesadilla extraña —respondí, dejando la taza sobre el plato de porcelana con un tintineo sordo—. Soñé que una auditoría externa congelaba todas las patentes de Innova por discrepancias en las firmas de los fundadores.

que te guste

¿Valió la pena guardar el secreto de una dinastía si el precio fue arrodillarse sobre los huesos rotos de la única mujer que te amó de verdad?

El precio del silencio se paga con la propia sangre ante el altar de la madre.

La verdad que creyeron estéril engendró el destino que nadie pudo comprar

El cuchillo de Sebastián se detuvo a milímetros del plato.

Apenas una fracción de segundo.

Cualquiera hubiera pasado por alto ese espasmo muscular en su antebrazo, pero yo conocía cada fibra de su lenguaje corporal.

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