Mentiroso.
Calculadora miserable.
El informe andrológico que yo misma había interceptado en el laboratorio central semanas atrás demostraba que el conteo espermático de Sebastián era severamente bajo, casi incompatible con una fecundación natural.
¿Cómo había quedado embarazada Camila entonces, de forma tan espontánea y milagrosa? Esa era la pregunta que me quitaba el sueño.
Esa era la pieza suelta que no encajaba en su perfecto rompecabezas de traición.
—Me alegra mucho por ti, Camila —le respondí, sosteniéndole la mirada con una serenidad tan helada que su sonrisa vaciló por una milésima de segundo—. Cuídate mucho. A veces los planos perfectos tienen variables que nadie logra prever.
Camila parpadeó dos veces, desconcertada por mi falta de reacción emocional, tomó las carpetas y salió apresuradamente de la oficina con el taconear hueco de sus zapatos sobre el mármol.
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