Los asistentes se movían por el salón como piezas en un tablero de ajedrez, midiendo cada palabra y cada gesto según la influencia de su interlocutor. La jerarquía se establecía mediante la ostentación y la capacidad de consumir sin límites.
En este ambiente, la empatía era considerada una debilidad y el respeto se otorgaba únicamente a cambio de beneficios mutuos o posición económica consolidada, tal como se documenta en estudios sobre social stratification.
Códigos de vestimenta y comportamiento
La etiqueta exigía trajes de alta costura y una compostura rígida que ocultaba la superficialidad del evento. Cualquier mínimo desvío de estas normas no escritas era castigado con miradas desaprobatorias y exclusión inmediata.
La rigidez de estos códigos buscaba mantener una fachada de perfección inalcanzable, donde el costo reputacional de cometer un error social era considerado inaceptable por los anfitriones.