A Los 71 Años Compró En Silencio La Casa Que Su Hijo Soñaba Tener-aurelle

Entró porque había preguntado.

Eleanor cerró la puerta, dejó la llave junto a su taza y sirvió el café.

Por primera vez en mucho tiempo, aquella llave no representaba una salida.

Representaba algo mejor.

Una puerta que Eleanor podía abrir por decisión propia.

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