Compré los billetes de avión para toda la familia, pero en el aeropuerto mi nuera me dijo amablemente que le habían dado mi asiento

—¿Qué?

—Ayer llamamos porque mamá quedó en un asiento muy incómodo.

—¿Y?

—Le dimos el tuyo.

Seguía esperando la parte donde aquello tuviera sentido.

—¿Cómo que mi asiento?

—El 12C.

—¿Y dónde estoy yo?

Me mostró la tarjeta de embarque actualizada.

38E.

Asiento central.

Prácticamente al final del avión.

Miré la pantalla.

Después a ella.

—¿Quién autorizó esto?

Laura cambió ligeramente el tono.

—Daniel habló con la aerolínea.

Miré hacia mi hijo.

Estaba sentado a unos metros.

—¿Daniel?

Él levantó la cabeza.

—Mamá, no es para tanto.

Esa frase hizo más daño que el cambio.

—Yo no he dicho todavía cuánto es.

Se levantó.

—Teresa se pone muy nerviosa viajando.

Teresa estaba hablando tranquilamente con mis nietos.

—Entonces podían comprarle un asiento mejor.

—Ya no quedaban juntos.

—¿Juntos con quién?

—Con Laura.

Finalmente entendí.

Laura tenía el 12B.

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