Quería llevarlos a España.
Julián siempre había querido conocer Madrid.
Nunca pudimos hacerlo juntos.
Pensé que viajar con nuestros hijos y nietos sería una forma bonita de recordarlo.
Llamé primero a Daniel, mi hijo mayor.
—Quiero invitarlos a un viaje.
—¿Invitarnos cómo?
—Yo pago los billetes.
Hubo silencio.
—Mamá, eso es muchísimo dinero.
—Lo sé.
—No deberías gastarte tus ahorros.
—No me estoy gastando los ahorros de comida, Daniel.
Me reí.
—Tengo dinero reservado para disfrutarlo mientras todavía puedo caminar por un aeropuerto sin que ustedes tengan que cargarme.
Él terminó aceptando.
Vendrían Daniel, Laura y sus dos hijos.
También mi hija Natalia.
Éramos seis.
Entonces, dos semanas antes del viaje, Laura me llamó.
—Carmen, quiero preguntarte algo.
Por el tono supe que aquello significaba que ya había tomado una decisión y ahora necesitaba que yo la aprobara.